formigable

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Tengo una patata pelada desde ayer en la banca de la cocina. Me sobró y, la dejé ahí, mientras me comía otras patatas con unos huevos re quetefritos. 

Nunca recuerdo que la comida muy refrita me sienta después mal. No al estómago, sino a la cabeza. 

Estos días atrás, la cocina parecía un santuario de hormigas.  

Han sido unos días complicados, he luchado un poco bastante contra mi voluntad de matar cualquier ser vivo. También he guerreado por la invasión de éstas y por el asquito que me da cuando veo que re pisotean mi comida. 

Estuve leyendo sobre ellas, el origen de su nombre es formicidae

Son insectos eusociales, muy bien organizados todos ellos y los únicos lugares del mundo donde no habitan son: Groenlandia, Islandia, Polinesia, y la Antártida.  

Pues yo las invito a abandonar mi casa y explorar esos mundos intocables… a saber por qué, pero a mí eso me parece algo racistas por su parte. 

En definitiva, al cerciorarme que son insectos y que sus amigos los mosquitos, abejas y avispas están en el mismo lado, recordando esas noches veraniegas en las que me unto de citronela y que me disfrazo de ninja espadachina cada vez que por la madrugada una de ellas quiere picarme, mis ganas de matar se han incendiado. #Imsorrynotsorry 

A ver, volviendo a las formicidae, por las que siento un cariño entrañable, especialmente por las grandotas y negras, con las que desde pequeña jugaba en la casa de la playa, y por el resto, siento admiración y curiosidad. 

Es fascinante cuando se ponen en fila india, cuando se agrupan, cuando se llevan sus cadáveres compadres o cuando se ponen a dos patas intentando llevar un trozo de comida más pesadas que ellas.   

Y lo que me divierte maliciosamente es cuando cojo una hormiga que está en fila india, y la desvío del montón de sus amigas, o cuando hago todo lo contrario, veo una hormiga que va en sentido contrario y bastante apartada del grupo y hála, la recoloco para sociabilizar un poco. 

… ¿Y qué hace ella? Pues se queda medio acelerada y tras dar vueltecillas, regresa a su “punto de partida”. 

Retomando mi lectura sobre las hormigas, he leído un dato, que da sentido a este sinsentido humano, y es que las hormigas huelen y dejan feromonas. Y gracias a eso, siempre saben de dónde vienen, a dónde van y dónde hay peligro. 

Un lado desagradable de ellas, bajo mi punto de vista estético, claro, es que no me agrada cuando están invadiendo el cuerpo de un ser moribundo.  

Días atrás, una mariposa, con alas quebradas intentaba volar, pero no podía ya fuera por el ala agujerada o por el peso de las hormigas encima de ella forzándola a tirar la toalla y sucumbir a la muerte… no resistí esa grotesca escena.  

Así que las aparté, después, cogí la mariposa, y la llevé, como hago con otros animales que encuentro falleciendo o ya muertos, la posé en una hoja grande donde el sol aún lanzaba rayos de sol y le tarareé alguna cancioncilla. Otras veces, les digo unas palabras. Cuando se han muerto, las entierro. 

Y ahora, cara a cara con mi dilema, me siento injusta, porque por un lado, las hormigas han encontrado esa pieza para comer y yo no soy quién para parar la fuerza de la naturaleza, sin embargo, tampoco entiendo, como las hormigas no estuvieron entendiéndome, cuando la semana pasada, antes de irme a dormir y dejar la cocina más o menos ordenada,  

les decía: mirad, no os quiero matar, así que recoged vuestras cosas y a lo Lola Flores les decía tras apagar la luz de la cocina: 

¡Si me queréis irse! 

Pero no, a la mañana siguiente, ahí estaban todas y otras más. Algunas pre muertas en los vasos de agua donde sumergía un poco la miel y el agave…. Otras, dándose un banquete dentro de la harina de almendra, del queso, de la mermelada…de la comida de mis perros, de los salpicones de grasa que habían quedado al descubierto. Estaban por todos los lados. Desesperadas todas, incluyéndome a mí. 

Mis amigas las hormigas, estaban invadiendo parte de mi espacio.  

Pues claro que las tuve que matar. Infortunadamente, no murieron todas. 

Y tuve que ver durante más de una semana, minúsculos cuerpos negros de cadáveres por los armarios de la cocina, por la nevera, por la encimera, por el suelo, paredes. 

Un día, me impactó lo fácil que era dejar de verlas. 

Ahora cuando entro a la cocina, lo que me llama la atención es que la patata pelada no se ha puesto marrón gris fea del copón. Un nuevo caso a investigar, llamaré a Miss Durhan


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https://es.wikipedia.org/wiki/Formicidae

https://mixmag.es/read/ants-regresa-a-ushuaia-ibiza-con-invasion-news

Gripe -A- y otras mierdas


He estado enferma de gripe A.

Creo que aún tengo algo del virus very inside me. El diagnóstico, no ha sido analizado por mí, sino por mi doctor aquí, no Puorto

soy paciente de un doctor joven,

creo que debe tener unos 4 años menos que yo.

En general soy bastante buena intuyendo, adivinando edades.

Al doctor, como a otros tantos hombres que he conocido, si no fuera por mi intuición de poner bien el número de años, la hubiera cagado. Me explico.

No sé, pensaba que esto le pasaba más a las mujeres: las que se acostumbran a maquillar mucho más y desde que son jóvenes o, a las que han pasado mala vida o buena vida, como ellas quieran tildarlo…pero no, hay hombres, que aunque lleven una vida plana, pack básico, no sé qué tienen y porqué, pero les pondría unos 10 años más que yo.  Y eso es lo que le pasa a mi doctor y a hombres en el Tinder.

No aguanto a una señora que ha venido a aprender ajedrez en el mismo grupo que yo, en el de los mayores. 

Somos, unas…contándome a mí, 3 mujeres, el profe, y 2 chicos…creo que me falta alguien. Total, he faltado de 6 aulas, 4. Pero no ha cambiado nada. Esa mujer, solo se parece a mi madre en edad. 

es de esas mujeres que no escuchan, bueno, sí, se escuchan a sí mismas… y también, solamente escuchan aquello que puede ser que parezca interesante, básicamente porque está dentro de los valores que ella ha marcado como interesantes. 

Como ella, no solo hay más mujeres, jóvenes, mayores….también hay hombres…Y esta virtud que tienen, la detesto. Voy a ejemplificarla, sin que en este caso, ejemplificar sea síntoma de que creo que soy tontos y no habéis entendido lo que os he descrito…au contrair…en este caso, sé que no me he sabido explicar, y quizás soy yo la tonta…. 

Ahí os dejo unos cuántos ejemplos reales: 

Uno fue hace bastantes años, y  lo he seguido viviendo en otras circunstancias, con otras personas, pero la sustancia es la misma.  En un grupo de personas, una de ellas le dice a otra del grupo: 

Montse: ¡Uy! Que guapa estás Maria!. 
Maria: Gracias.  
Montse: Sí tía, te queda súper bien ese color de bufanda.  
María: ¿Te gusta?. 
Montse: Sí, es que tengo una igual. 

Aquí va otro ejemplo más de esas cosas narcisistas que hace el ser humano, a veces sutilmente: 

Un día cualquiera, después de acabar una clase de universidad, un grupo nos ponemos a hablar de lo guay que es John Coltrane.

Una mujer le dice al hombre que lleva la voz cantante:

¡El disco de J. Coltrane fue el primero que me compré,
 es uno de los mejores discos del mundo. 

El hombre callado, arrumando sus papeles, asiente con la cabeza y suelta alguna onomatopeya.

El hombre se dirige a mí:

 Así que escribes,
 podría recomendarte algunos escritores… 

(El hombre hace su recomendación y yo, que desconocía el autor, asiento con la cabeza) 

Es ahora cuando la mujer escupe el típico comentario que detesto:

Pues veo que tienes muy buen gusto, 
ese es uno de mis autores favoritos, y... también te gusta Coltrane. 

Aquí, por norma, o me río a carcajada, o hago el gesto de arcada.

En ese día, como tenía aún síntomas de gripe A, seguí tosiendo inclinada mi cabeza, lo reconozco hacia la mujer y haciendo un au revoir con la mano, me fui con mis mierdas de tiquismiquis a otra cosa mariposa.

p.s.: John Coltrone mola mucho, y no sé que edad debe tener.


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Viento helao


Sin una camisa caminaba descalzo  

Un diita de julio mi hombre casao 

El sol quemaba 

ardía mi mente y su torso desnudo  

derretía mi helao 

¡Ay primavera sembrá que trajiste

cálidas noches 

llenas de despelote 

Pá que luego tus suegros,  

otoño e invierno 

me vistieran de triste y frío encierro.

¡Ay viento helao

llévate a mi hombre pá otro lao! 

¡Cúcha! Mira por la puerta trasera

y fíjate bien en la trastienda

¡Ay viento helao

qué desgraciao

mi señorito con camisita de blanca seda

saliendo por otro portal!

¡Sóplale cerquita y bien pegao! 

¡Córtale sus carnosos labios,

astilla sus suaves manos 

vístele de farrapos y déjale calvo! 

¡Ay viento helao,

abrázale fuerte y con cuidao

¡Congélalo ya! 

Luego sóplame al oído y

llévame también contigo

qué ya ná, tiene sentio.


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CARLA y CARLOS

Bajo la mirada atenta de Carlos, Carla continuaba adentrándose en el agua. 


Estaban solos en la playa. Era demasiado temprano y hacía demasiado oleaje. Solo los insensatos, los incomodados con sus vidas, los destroza cánones y ella, eran capaces de ir directos a la mar. 

Carla sentía el frío. Tenía la cara mojada por el golpear de las olas las unas contra otras, con ese sonido hipnótico casi ensordecedor, por unos instantes consiguió dejar de oír la mirada de Carlos. 

-Porque las miradas hablan…no te olvides-  

Ni siquiera alejada me dejas en paz, joder. Es lo que pensó Carla mientras furiosa echó a un lado una ola con un manotazo. Como aquel gesto que uno hace al levantarse de la cama con mala ostia y tira al suelo las sábanas. 

Dejó de sentir los pies en el fondo de la arena y se puso a nadar contracorriente. 

Otra vez consciente, empezó a oír a lo lejos la voz de Carlos, aunque no alcanzaba a distinguir lo que este le gritaba. Sacó un poco más la cabeza y se dio cuenta que se había alejado bastante de la orilla. El vestido blanco estaba todo subido, hacia su cara, le tapaba, lo apartaba, le pesaba, lo intentaba bajar, olvidándose que estaba en la mar. Alzó, uno de los brazos…fue un acto entre querer decir Hola, aquí estoy y  ¡ayuda! 

Carlos en la arena con los brazos en jarra caminando de un lado a otro, como si en según qué parte de la arena le ayudase a ver mejor a su amante. 

Por un instante, que se hizo lento y pausado, Carla consiguió visualizar la figura de Carlos, lo analizó y sintió su preocupación gestual.  

Sin quererlo, se sintió querida en un mar lleno de agonía.  Luego, el tiempo se paró y se cruzaron las miradas. Ella, le apartó la mirada y siguió nadando. El oleaje contra ella. 

Carlos empezó a correr hacia el paseo marítimo, se escuchó la persiana de un bar abrir. Y él corrió descalzo y despeinado. Tropezó casi con el camarero y le pidió que le ayudara, que una amiga estaba borracha en el mar, que él no sabe nadar y que le ayudase a sacarla. 

El camarero volvió a cerrar la persiana con un golpe. Y ambos se pusieron a correr.  

Al llegar a la playa, Carlos desorientado buscó el bolso y el jersey de Carla. Y de ahí, trazó imaginariamente una línea recta en el mar. 

¡Ahí, ahí! 

El camarero ya estaba nadando velozmente, aunque desde fuera del agua, parecía que era una persona que disfrutaba su tiempo exhibiendo unos buenos croles y, que Carlos era su entrenador que le animaba a batir su récord personal. 

Sí, ahí, ahí!- gritó Carlos. 

El camarero paró volteó su cabeza alrededor y vio algo blanco flotar, braceó unas veces y pensando que cogía el cuerpo de la chica, solo un vestido blanco pescó. 

Dejó pasar una ola grande, y cuando tuvo mejor visión, lo alzó y se lo mostró a Carlos, que, desde la arena, se quedó por fin callado, bajó los brazos, luego los subió a su melena morena y entrelazó las manos y las posó encima de su cabeza.  

El camarero hizo una negación con la cabeza y como si llevase un cuerpo sin vida, nadó con el vestido blanco hasta la orilla del mar. 

Luego, lo tiró en la arena y se arrodilló tosiendo y escupiendo agua salada.  

Carlos se acercó al hombre sin mediar palabra. Se arrodilló, cogió el vestido y abrazándolo se puso a llorar con cara fea. 

El camarero se levantó. Le dio unas palmadas en la espalda de Carlos y le dijo que se viniera con él.  

Se alejaron Carlos, el vestido mojado y el camarero hacia el paseo marítimo, donde el bar de la persiana. 

Desde el mar, se pudo oír como la persiana del bar subía…  desde la posición del bolso y el jersey de Carla, minutos más tarde se pudo ver llegar una patrulla de policías y una ambulancia. 

Desde la oscuridad de los ojos cerrados de Carla, aún se puede ver el mar y la mirada atenta de Carlos. 


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Miss Durhan


¿Qué hacía esa señora tumbada en el suelo cerca del conteiner de basura?

¿Una borrachera bacanal? ¿O estará simplemente muerta?  

Como era un hombre corpulento y no poseía los temores comunes de la mayoría de los seres humanos, incluso muchas veces fue tildado como asperger person, sin vacilar, Sanchís se agachó lentamente hacia la mujer, volteó con delicadeza su cuerpo y al ver que este no se movía ni reaccionaba tras el par de pellizcos en el carrillo derecho, decidió comprobar si el corazón de aquella señora en el suelo, seguía latiendo.   

Seguía viva.  

Respiró aliviado, para unos segundos más tarde volver a sentir una leve taquicardia al ver sus manos manchadas de rojo. Exclamó para sus adentros ¡¿de dónde sale toda esa…sangre?! 

Miss Durhan,  carecía de una sonrisa en la cara.  

Como investigadora privada, sentía que había desarrollado de una manera bestial su capacidad auditiva y visual como nadie más de su profesión había conseguido.  

Tenía infinidad de títulos y medallas en su pequeño, desordenado y oscuro despacho londinense.  

Con frecuencia tomaba té rojo y cuando lo hacía, minutos después de beberlo algo se disparaba velozmente en su cerebro.  

Su boca poco dentada empezaba a recitar una retahíla de quejas muy conocidas por Watson. 

-¡La gente ya no tiene clase para cometer crímenes! Ya nada es como antes querido, ¿dónde quedan los ladrones de guante blanco? ¿Y los auténticos psicópatas? ¿Dónde están los que saben realmente cómo deshacerse de un cuerpo sin dejar hilo suelto?- 

Miss Durhan exhalaba tristemente el humo del cigarro hacia la jaula de su mascota Watson, un ratón callejero de color negro, cazado, malherido y salvado todo gracias a ella.  

Tenía sesenta y un años de vejedad, y todo le parecía estar de vuelta y media. 

Por eso, como los perros, ella pensaba que se debería haber ido de este mundo cuando completó su capacidad de aprendizaje. 

– Me debería haber ido sobre los treinta y cinco años, ahora ya, solo un milagro me salvará.- 

Con esta desmotivación por todo y todos, no fue extraño verla aplaudir tras oír la enfermedad que esa misma tarde, el neurólogo le diagnosticó.    

Sanchís miró el reloj para saber que hora era. Si eran las doce como pensaba, ya no llegaría a coger el tren de las once cincuenta y siete. Eran las once y cincuenta y nueve, así, que resignado, permaneció al lado de la señora aún inconsciente. Buscaba algo para limpiarse, encontró en la chaqueta un pañuelo blanco. Se fijó en la inscripción bordada y en voz alta leyó C.Durhan. 

Segundos más tarde, la señora Durhan abría los ojos.  

Se quedaron mirando fija y extrañamente.  

-¿Me permite preguntarle que hace con mi pañuelo señor…?-.  

– Me llamo Sanchís, Miss Durhan. Discúlpeme,  intentaba limpiarme su sangre.- 

Miss Durhan, a pesar de estar aún en el suelo, todavía sin darle un sentido a todo lo ocurrido, pudo carcajearse a pleno pulmón y después, ya en pie, rechazando cualquier ayuda por parte de Sanchís, le quitó el pañuelo de la mano, lo olió apretadamente y alzando su barbilla, con brillo en los ojos, le dijo: 

-Muy señor mío, lamento decirle, que esto es solamente una dulce y sabrosa salsa kétchup proveniente de esa bolsa de basura rota-”. 

Después, le extendió la mano como agradecimiento, y estrechándosela con fuerza y, sonriendo por primera vez después de muchos años de silencio, recordó las palabras que el doctor le dijo al leer su diagnóstico…y alejándose de Sanchís se la oyó decir:  

¡Por fin algo interesante en mi vida, Narcolepsia! 


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Al final de la sala


Al final de la sala, ahí estaba yo, sentada vestida con una falda plisada, tecleando las teclas en el ordenador escurrimachao, sintiéndome inevitablemente loca, como Jack Nicholson en The Shinning. 

A veces pienso en hacerme con un bloc de folios vacíos y ponerlos dentro de una carpeta hermosa y que ponga como título                                     . 

Detesto el olor de los champús de la marca impronunciable Scharwpof, ¡cómo leches se escriba! ( Schwarzkopf ) y también detesto al marketiniano que escogió ese nombre, porque seguramente la saga Schar…deberán oir siempre lo mal que decimos su nombre. Y me siento burra, y me siento mal por posiblemente ofender a una familia que no conozco pero que todo el mundo se lava el pelo gracias a ellos…ay, no sé. 

Me he lavado el pelo con un bote de Panten (alguien pronuncia la e final?) pero me olvidé que dentro, hace tiempo, lo rellené con ese de scharw… esperando que el olor se confundiera con el otro, pero no, y ahora, ya todo es demasiado tarde. 

Me duele otra vez, la parte de atrás mano derecha de la cabeza y debe ser por la mala noche que he pasado hoy. Curiosamente he soñado con Alien. 

En mi sueño, yo debía ser invisible, veía a Sigourney y a Alien pero antes de hacer alien 1…bueno, a ver, en realidad, lo que yo estoy viendo, es supuestamente realidad y es como por primera vez, se hizo alien. 

Pues en mi film mental, alien es súper chupi, muy fofo, y lo llevan en una camilla para hacerle unas pruebas, y entonces, quien realmente es malo y es el alien, es una polilla, que se cuela por las rendijas del aire acondicionado y por ahí mata a todos los de la clínica, y entra en el cuerpo que todos conocemos como alien, y ahora, entonces es malo. 

Y, después de cargarse a los de la clínica y yo, en plan, invisible flipando de quien realmente es alien, pues sigo viendo de cerca todo lo que hace el alien. 

Y el sueño acaba yo despertándome de verdad, y escribiendo una nota mental: 

En caso de supuesto alienígenas etc, tener en cuenta en tapar las rendijas de ventilación. 

Estoy esperando la llegada de un huésped de airbnb que viene del Reino Unido y a pesar de ser solamente casi la 1 am se me cierran los ojos. 

Llueve afuera y el día está gris como el color de mi falda plisada, la que llevo vestida mientras estoy sentada, al final de la sala. 

P.s.:  

*Schwarzkopf fue fundada por Hans Schwarzkopf en 1898. Nuestro famoso logo es el resultado de su apellido, que traducido literalmente significa "cabeza negra". 

* Pantene Pro-V - Origen del nombre: El nombre Pantene se refiere al origen del producto, el nombre Panthenol, nombre científico de la Vitamina B5. En los años 40, la empresa suiza Hoffman-La Roche descubrió que el Panthenol era extremadamente hidratante y mejoraba la salud del pelo al combinarse con otros ingredientes. 

*Información extraída de sus propios sites 

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